Canciones Con Historia: Hoy, “La Marcha De La Bronca” de Miguel Cantilo

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«La marcha de la bronca», trasladado a la iconografía de la canción argentina, podría compararse con el «Blowin’ in the Wind» de Dylan.

En la dictadura de Videla, llegué a cantar ‘Yo vivo en esta ciudad’ diciendo ‘un coiffeur excepcional’», se ríe Miguel Cantilo, recordando las ocurrencias a las que tenía que apelar para eludir la censura. La letra de la canción decía «un coiffeur de seccional», y aludía a la costumbre de la policía de la dictadura previa, la de Onganía, de someter a los pelilargos a un corte forzoso al ser detenidos por averiguación de antecedentes. Ya en ese momento, la canción tenía una década de antigüedad, pero seguía siendo irritante para los militares que detentaban el poder.

Miguel Cantilo siempre estuvo de algún modo adelantado a su tiempo. Hizo canciones de protesta antes que León Gieco, y tuvo un dúo acústico antes de que existiera Sui Generis. Pedro y Pablo, conformado por Cantilo y Jorge Durietz, debutó en 1969 con el single «Yo vivo en esta ciudad». En 1970 ya habían publicado su primer álbum, que incluía «La marcha de la bronca», un himno que, trasladado a la iconografía de la canción argentina, podría compararse con el «Blowin’ in the Wind» de Dylan. Fue también el primero de sus conflictos con la censura, una constante en su carrera, al menos hasta el restablecimiento de la democracia.

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Desde entonces lleva editados 28 álbumes, sin contar compilaciones -como solista y al frente de Pedro y Pablo, que tiene reuniones periódicas-, lo que lo convierte en un artista con un nivel de productividad y creatividad prácticamente sin paralelos en su generación del rock argentino, con la posible excepción de Litto Nebbia. Solo en 2018 publicó un nuevo álbum de estudio, Día de sol, y una colección de poemas, Poesía cardinal, que se suma a su creciente actividad como escritor de los últimos años (también editó una novela, Jardines del origen, además de sus dos volúmenes de memorias, ¡Chau loco! y ¡Qué circo!). En la actualidad, su actividad se divide entre Argentina y España, donde, tras enviudar, consiguió armar una nueva pareja y una continuidad de trabajo, proceso que se ve reflejado en sus últimos álbumes, Canciones de la buhardilla (2014) y el mencionado Día de sol.

Mientras habla de sus próximos proyectos, como una ópera rock que le va a demandar un par de años de trabajo, Cantilo sigue con la mirada puesta en la próxima canción. Si se le pregunta qué lo motiva a seguir componiendo, menciona a sus maestros, gente como Paul McCartney, Roger Waters o Keith Richards. «Todos esos tipos siguen escribiendo canciones no porque lo necesiten, o porque se les agota la cuenta bancaria, sino porque es como una gimnasia necesaria para mantenerse vivo», reflexiona Miguel durante uno de nuestros varios encuentros, que tuvieron lugar en bares céntricos y en su casa-estudio de Castelar. Allí repasamos toda una vida de canciones, por las cuales desfila también medio siglo de historia argentina.

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¿Recordás cuál fue la primera canción que compusiste?

Creo que fue «Ask Me Silence», un tema un poco precario en cuanto a la armonía, porque yo no sabía tocar mucho, pero podría parecerse a una canción folk inglesa, que me había inspirado. Lo curioso es que yo escribía en un inglés inexistente, sanateado, porque te costaba que surgiera la melodía en castellano. A veces componía todo en ese inglés fantasma, y después lo pasaba al castellano.

En ese sentido fue muy importante el trabajo que hicieron los compositores de tu generación, para encontrar un lenguaje propio cantando en castellano.

Sobre todo porque había que lidiar con la berretada habitual, que consistía en traducir canciones del inglés, del italiano, y crear hits a partir de eso. Gente como Ben Molar, que hacía unas traducciones que eran una tortura, y entonces la gente pensaba que vos ibas a cantar en castellano en ese lenguaje, que era el más comercial.

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¿Los Beatles fueron el disparador para empezar a componer?

Al principio uno intentaba componer en la forma de la zamba, o del bolero, pero a medida que iban saliendo los discos de los Beatles te iban sugiriendo moldes más complejos, más ocurrentes. La de los Beatles fue una escuela de composición, porque encima nosotros pertenecemos a una generación que fue creciendo a medida que los Beatles crecían. En mi caso, a los 12 años recibí su primer disco, y a partir de ahí, a los 13, los 14, los 15, cada vez mejor, hasta que a los 16 sale Sgt. Pepper’s… que era un lujo en todo sentido. Sacar las canciones de cada disco era aprender a trabajar con la melodía, y cuando uno componía trataba de buscar, en ese estilo, una cosa propia, que no fuera una copia.

¿Cómo conociste a Jorge Durietz?

Jorge Durietz era el típico amigo del barrio, que hacía lo mismo que uno. No había muchos en el barrio: tocar la guitarra en el año 65 era una cosa rara. Entonces vino un tercero, que me señaló ‘mirá, acá vive uno que toca la guitarra como vos’. Fui a la casa, y efectivamente, apenas nos conocimos nos dimos cuenta que teníamos un nivel muy parecido. Él tocaba mejor que yo porque había estudiado desde más chico, y sabía tocar bossa nova. De hecho, varias de las canciones del primer disco de Pedro y Pablo tienen muchos acordes de la «batida» brasileña, esas inversiones que hacía João Gilberto. «Yo vivo en esta ciudad», por ejemplo, está toda compuesta con acordes de bossa.

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Todo eso junto a la influencia beatle.

El molde de Lennon y McCartney nos acunó de entrada. Tanto que, con Pedro y Pablo al principio, pensábamos firmar todos los temas Cantilo-Durietz, porque queríamos ser Lennon y McCartney. Después se frustró porque Durietz no componía casi nada, y al final dijimos ‘vamos a reconocer lo que hizo cada uno’. Eso fue muy noble de parte de él… ‘firmalos vos porque los hacés vos’. Pero la idea nuestra era hacer una dupla compositiva.

Había una química particular en el ensamble de las voces de Pedro y Pablo. ¿Eso surge espontáneamente?

Hay un empaste entre las dos voces que se dio naturalmente, y se da todavía, cuando nos ponemos a cantar. Se produce un efecto que parece que fuera una sola voz, en la cual uno hace la melodía principal y otro hace segundas, terceras. El haber cantado muchos años juntos probablemente contribuyó a que se empastaran las voces, pero es algo que se dio desde un principio.